1 abr. 2018

Horario de verano

Imagínate al clásico individuo que está en la Central Camionera y que compra su boleto del autobús que sale a las 3 a.m. Son la 1:50, falta más de una hora y le anda del dos, tarda 20 minutos, sale del baño y descubre que su camión lo ha dejado.

Literalmente, la cagó.
 


30 mar. 2018

La boda de la torta de milanesa

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Recuerdo aquel día cuando afuera del templo de Máter Dolorosa te había visto. Andabas vestida de blanco, con un velo impresionante y esperabas a tu novio para que el matrimonio procediera. Aquel que tanto amabas por su caballerosidad y detallismo; por, también, su calidad humana e impecable higiene; por su inteligencia, su gran voz y su capacidad para recitar poesía; aquel que, por su forma de tocarte, te estremecía y te ponía la piel como gallina agonizante. Estabas en la entrada de la iglesia esperándolo para el día más importante de tu vida. Pero no llegó, entró en crisis nerviosa. Después te diste cuenta que te mintió para tenerte cautivada y su sobreesfuerzo algún día se derrumbaría como edificio frágil en terremoto. Y ese día, fue en el que tenía que probar de qué estaba hecho él. Pasaron tres horas y no llegó. ¿Qué hiciste después de tu insufrible llanto? Trataste de consolarte comiendo algo. Los puestos de garnachas no estaban. Sólo yo, que masticaba una suculenta torta de milanesa. Me pediste un pedazo, te lo ofrecí. Y mientras angustiadamente tratabas de pasarte el bocado con sabor a tristeza, se me hacía tarde para llegar a mi cita. Te dejé el resto de la torta, más de la mitad, mientras te sentabas en el escalón lateral, derrotada, con la moral baja, pero con la esperanza, de volver a enamorarte algún día. Ya llegó la roja 4. Adiós.

21 mar. 2018

Oxxo

Una mañana en el Oxxo es muy triste. Se supone que debiera estar en la noche ahí, pero no quiero beber por ti. Suficiente fue mi llanto por tu pérdida, que no tiene sentido reciclar mis lágrimas alojadas como tequila en una botella. No, no tiene sentido:
— Señora, me da una recarga por favor; no, mejor no. Ya no tengo a quién hablarle.
Una mañana en el Oxxo me quedé y compré una cerveza que jamás me tomé.

El guajolotero

Una vez me enamoré en un guajolotero, justo antes de llegar a la plaza de jaripeos "El Relicario". Ella era muy bella; me atrapó hasta el momento cuando sacó de su bolso imitación Michael Kors, un limón y una Tecate y le dijo a su amiga, la del asiento contiguo: "Todos los pinches hombres son iguales" y se bajó en la plaza donde se presentaría la Dinastía de Tuzantla. Yo, desilusionado, me seguí hasta Capula para platicar con la catrina. No hay futuro.